Si su funda nórdica nueva ya no cabe en la cama tras el primer lavado, la decepción es comprensible. Pero detrás hay una física bastante lógica.

Durante el tejido y el acabado, los hilos están sometidos a una tensión constante. El tejido sale de la fábrica con esa tensión dentro. Al encontrarse con el agua caliente y el movimiento, las fibras se relajan, se hinchan e intentan volver a su estado natural. Resultado: encogimiento. En el algodón, un encogimiento del 3 al 5 % se sigue considerando, por desgracia, normal.

Los buenos fabricantes lo evitan con un proceso llamado sanforizado. El tejido se preencoge de forma controlada en la fábrica, de modo que en su casa apenas le queda margen para encoger. Si la etiqueta dice «inencogible» o «sanforizado», es una garantía. Lo más importante que puede hacer en casa es tener cuidado con la secadora. La mayor parte del encogimiento no se produce en el lavado, sino al secar a alta temperatura. Secar el algodón a baja temperatura, o sacarlo cuando aún está algo húmedo, es la forma más eficaz de conservar las medidas de un producto.