Las toallas de bambú se han hecho muy populares en los últimos años. Suaves, sedosas, muy absorbentes. Todo eso es cierto. Pero detrás de la palabra «bambú» hay un proceso con una cara de la que se habla poco.
La inmensa mayoría de las toallas de bambú del mercado se fabrican disolviendo la planta mediante un proceso químico y convirtiéndola de nuevo en fibra. Su nombre técnico es viscosa de bambú. Es decir, la materia prima es el bambú, pero la fibra es en realidad celulosa regenerada. No es nada malo; la viscosa es de verdad muy absorbente y suave. Pero hasta qué punto la idea de que el bambú es antibacteriano por naturaleza se mantiene en esta fibra procesada es discutible.
Hay además un detalle práctico: las fibras de viscosa pierden en mojado buena parte de su resistencia. Por eso a las toallas de bambú no les gustan mucho los lavados calientes ni los programas intensos. Suelen dar su mejor resultado mezcladas con algodón. El algodón hace de esqueleto y la viscosa de bambú aporta suavidad y absorción. Si ve «100 % bambú» en una etiqueta, lea las instrucciones de cuidado antes de alegrarse.
