De dos fundas nórdicas de la misma medida, una cuesta el triple que la otra. ¿De dónde sale la diferencia? Vista con los ojos de un fabricante, la respuesta se aclara.
El coste de un producto textil para el hogar se compone, a grandes rasgos, del hilo, el tejido, el teñido y el acabado, la confección, el embalaje y, por último, el margen de la marca y de la tienda. En un producto barato se suele ahorrar donde no se ve. Hilo de fibra más corta, un tejido más flojo, tintes menos resistentes, puntadas más largas. Al principio no lo nota. La diferencia aparece en el décimo lavado.
Existe además un recurso llamado apresto de carga. A un tejido flojo se le aplican productos a base de almidón o resinas para que parezca más lleno y tupido. En la mano se nota firme, pero ese apresto se va en el primer lavado y aparece el verdadero estado del tejido. Caro no siempre significa bueno, claro. Una parte es solo el margen de la marca. Pero es inevitable que algo muy barato se haya recortado por algún lado. Lo sensato es juzgar un producto no por su precio, sino por criterios como la fibra, el tejido y la información de la etiqueta.
