Es fácil tirar una funda nórdica desgastada o una toalla que ya no absorbe. Pero los residuos textiles son uno de los terrenos más difíciles de resolver en sostenibilidad, y saber por qué puede cambiar nuestra mirada.
Reciclar textiles no es tan sencillo como reciclar papel o vidrio. Cuando el algodón se recicla mecánicamente, es decir, se deshilacha y se vuelve a convertir en fibra, las fibras se acortan. Por sí solas no suelen dar un hilo de calidad y hay que mezclarlas con fibra nueva. Las mezclas como algodón y poliéster son aún más difíciles. Separar las dos fibras sigue siendo técnicamente caro.
Por eso el mejor reciclaje suele ser dar al producto una segunda vida en casa. Las toallas viejas son trapos de limpieza excelentes. Las fundas nórdicas de algodón pueden cortarse en trapos para el polvo, o incluso convertirse en bolsas de tela o en mantas para proteger plantas. Lo que aún está en buen estado puede donarse; las protectoras de animales siempre necesitan toallas y mantas viejas. Los contenedores de recogida de textiles también son cada vez más habituales en muchas ciudades. Quizá el gesto más sostenible sea, de entrada, comprar productos que duren.
