Si por la mañana se despierta con la nariz tapada y se le pasa a lo largo del día, el culpable puede estar en su cama. Los ácaros del polvo son seres demasiado pequeños para verlos a simple vista, y sus lugares favoritos son cálidos, húmedos y llenos de alimento. La cama encaja exactamente con esa descripción.

Los ácaros se alimentan de las escamas microscópicas que desprende la piel humana. Esas escamas que soltamos cada noche, junto con la humedad y el calor corporal que desprendemos, convierten el colchón y la almohada en un paraíso para ellos. Lo que provoca la alergia no son en realidad los ácaros, sino unas proteínas presentes en sus excrementos.

La buena noticia es que el textil del hogar forma parte tanto del problema como de la solución. Lavar las fundas nórdicas y de almohada a 60 °C una vez por semana reduce mucho la población de ácaros. Ventilar el dormitorio y mantener baja la humedad les complica la vida. Para las personas con alergia marcada, las fundas antiácaros de colchón y almohada, de tejido muy tupido, marcan una diferencia real. No tienen por qué llevar productos químicos; actúan por el tamaño del poro. Si los síntomas de alergia son serios, lo más sensato es, por supuesto, consultar a un médico.